Encontrar al candidato ideal para un puesto de trabajo es uno de los mayores retos para cualquier empresa. En el proceso de selección, los responsables de contratación suelen enfrentarse a una pregunta recurrente: ¿es más importante la técnica o la actitud?
Mientras que las habilidades técnicas garantizan que una persona pueda realizar las tareas del puesto, la actitud suele determinar cómo se integrará en el equipo, cómo afrontará los desafíos y cómo evolucionará dentro de la organización.
El valor de las habilidades técnicas
Las competencias técnicas —también conocidas como hard skills— son los conocimientos específicos necesarios para desempeñar un trabajo. Pueden incluir desde programación y análisis de datos hasta manejo de herramientas profesionales o conocimiento de procesos concretos.
Estas habilidades son especialmente críticas en roles donde la precisión y el conocimiento especializado son imprescindibles. Por ejemplo:
- Desarrollo de software.
- Ingeniería. Análisis financiero.
- Roles técnicos en IT o data.
En estos casos, la técnica actúa como requisito mínimo. Si un candidato no posee el conocimiento necesario, el tiempo de formación puede ser demasiado elevado o incluso inviable.
Además, las habilidades técnicas suelen ser más fáciles de evaluar durante el proceso de selección mediante pruebas prácticas, ejercicios técnicos o certificaciones profesionales. Sin embargo, centrarse únicamente en la técnica puede tener riesgos.
La actitud: el factor que muchas empresas priorizan
La actitud, por otro lado, se relaciona con las llamadas soft skills: habilidades interpersonales, mentalidad, motivación y capacidad de adaptación.
Entre las más valoradas destacan:
- Trabajo en equipo.
- Capacidad de aprendizaje.
- Proactividad.
- Adaptabilidad al cambio.
- Comunicación.
Cada vez más empresas consideran que la actitud es un indicador clave del potencial a largo plazo de un candidato. Un profesional con buena predisposición para aprender, colaborar y adaptarse puede crecer dentro de la organización incluso si inicialmente no domina todas las herramientas del puesto.
El equilibrio entre técnica y actitud
En la práctica, la mayoría de empresas no eligen entre técnica o actitud de forma radical. Lo que buscan es un equilibrio entre ambos factores.
Por ejemplo, es habitual que los reclutadores prioricen:
- Base técnica suficiente para desempeñar el puesto.
- Actitud positiva y capacidad de aprendizaje para evolucionar en el rol.
Cuando dos candidatos tienen un nivel técnico similar, la decisión final suele inclinarse hacia quien demuestra mejor encaje cultural, mayor motivación o mejores habilidades interpersonales. Este concepto, conocido como “cultural fit”, se ha convertido en un elemento clave en muchos procesos de selección modernos.
Cómo evaluarlo en un proceso de selección
Para tomar una decisión equilibrada, muchas empresas combinan distintos métodos de evaluación:
- Pruebas técnicas o casos prácticos para validar conocimientos.
- Entrevistas por competencias para analizar comportamientos pasados.
- Assessment centers con dinámicas de grupo.
- Entrevistas culturales para medir el encaje con los valores de la empresa.
Este enfoque permite obtener una visión más completa del candidato y reducir el riesgo de una mala contratación.

